
Estaba solo. En ese momento acudió a mi pensamiento la imagen de Ulises frente a Polifemo. Lo mio era otra Odisea. Me miraba con su gran ojo, retándome, parecía decirme, "no seras capaz". No sabia que soy de Aragon. Miré los montones de ropa, había dos, uno de colores y otro blanco manchado, era lógico, iba a lavar. Abrí el inmenso ojo, metí la ropa de color, cerré aquella lupa de cristal transparente, y empecé a pensar cual seria el siguiente paso. No me lo podía creer. Mi mente se había quedado en blanco, después de haber vencido a Polifemo. ¿ Y ahora qué?. Un escalofrío recorrió mi cuerpo, recordé que " ten mucho cuidado, que la ropa de color destiñe". Con un valor, rozando la imprudencia, puse una temperatura baja, vertí en una bandeja el polvo detergente; en un cubículo, que no encontraba durante un tiempo que se me hizo eterno, derramé el suavizante y esperé unos minutos, para respirar tranquilo. Armándome de valor pulse el interruptor, se encendió una lucecita, y aquel ojo empezó a dar vueltas, parecía mirarme, creo que me hacia guiños, como diciendome " ya todo ha pasado, al final veremos el resultado". Fue irremediable. Todavía tengo el recuerdo. El sabor fue muy amargo.



